Política de Privacidad Política de Cookies

enero 1, 2026

La toma de Granada

El 2 de enero de 1492 no “cayó” Granada por una batalla épica final: se entregó después de una década de asedios, pactos, artillería, hambre y una guerra civil dentro del propio reino nazarí. Para entender esa mañana hay que mirar lo que pasó justo antes: Málaga, Baza, Almería… y una familia real que se estaba despedazando por dentro.

El mapa se encoge: las conquistas inmediatamente anteriores

La Guerra de Granada arranca en 1482 con un golpe simbólico y estratégico: la toma cristiana de Alhama (febrero de 1482). A partir de ahí, durante unos años hay avances y retrocesos, pero el punto de inflexión llega en 1485: la ofensiva se vuelve constante y sistemática.

En 1485 cae Ronda (mayo) y también Marbella, prácticamente sin lucha. En 1486 llega un golpe directo a la puerta de la Vega: Loja (mayo de 1486), clave porque controla el paso hacia Granada y porque allí la artillería empieza a decidir asedios que antes habrían durado mucho más.

En 1487 se pierde el mar: primero Vélez-Málaga y después Málaga (agosto de 1487). Y Málaga no es “una ciudad más”: es el gran puerto nazarí. Sin Málaga, Granada pierde salida marítima, comercio, recursos y una vía de apoyo exterior. Además, el castigo aplicado a la población vencida se convierte en advertencia para el resto de plazas.

La campaña más dura llega en 1489: el asedio de Baza (de junio a diciembre) es un desgaste brutal. Cuando Baza capitula, el dominó cae rápido: Guadix y Almería se rinden ese mismo ciclo de conquistas (Almería, a finales de 1489). Resultado: el reino nazarí queda reducido, en la práctica, a la capital y su entorno. Granada está aislada.

Rehook: en ese punto, la guerra ya no es “frontera contra frontera”. Es una ciudad cercada… y una dinastía rota.

Una guerra dentro del palacio: los personajes de la crisis nazarí

Aquí están las piezas clave del tablero interno:

Muley Hacén (Abu al-Hasan Alí): sultán fuerte, guerrero, pero impopular para algunos sectores por impuestos y decisiones internas. Su etapa coincide con el estallido del conflicto.

Aixa (Aisha al-Hurra): madre de Boabdil, figura política influyente en la corte. La tradición la retrata como la gran defensora del “partido” de su hijo, frente a rivales dentro del palacio.

Boabdil (Muhammad XII): el último sultán. Su gran problema no es solo el enemigo exterior: es que su legitimidad se discute dentro del reino y su margen de maniobra se reduce a cada capitulación.

El Zagal (Muhammad XIII): tío de Boabdil y rival directo. Controla zonas orientales y parte del poder militar en fases decisivas. Cuando el reino se fragmenta, él se convierte en “otro Granada” dentro de Granada.

Sidi Yahya al-Nayyar (Cid Hiaya): pariente de Boabdil y cuñado de El Zagal, con poder en el oriente (zonas como Baza, Guadix y Almería). Es un actor clave porque su cambio de bando y sus entregas aceleran el final.

Y además, un elemento que aparece mucho en crónicas y literatura: los bandos nobiliarios granadinos, a menudo resumidos como Abencerrajes y Zegríes. Parte de lo que se cuenta sobre ellos está rodeado de leyenda, pero lo importante es el hecho político: la aristocracia granadina no actúa como un bloque unido, y esa fractura se paga carísimo cuando llega el cerco final.

El momento en que Granada se parte en dos

En los años centrales de la guerra, el reino vive una dinámica mortal: mientras Castilla-Aragón conquista plazas, dentro de Granada hay golpes de poder, expulsiones y recuperaciones de la capital.

Boabdil llega a estar prisionero de los cristianos en una fase temprana del conflicto, y eso condiciona todo lo que viene después: su figura queda marcada y su política se mueve entre dos necesidades incompatibles.

Necesidad 1: presentarse como defensor del islam y de la ciudad para no perder apoyos internos.
Necesidad 2: negociar con los Reyes Católicos porque el reino se está quedando sin recursos y porque tiene rivales internos que pueden tumbarlo.

En paralelo, El Zagal controla territorios y juega su propia partida. En términos prácticos, tras 1487 y 1489, el reino ya no tiene “profundidad estratégica”: ya no hay segundas líneas defensivas capaces de sostener el esfuerzo.

Rehook: cuando una capital queda aislada, la pregunta deja de ser “si cae” y pasa a ser “cuánto costará caer”.

1491: el cerco definitivo y la ciudad-campamento de Santa Fe

En 1491 el conflicto entra en su fase final: ya no se trata de conquistar plazas alrededor, sino de asfixiar Granada. La clave es logística: cortar suministros, controlar salidas y hacer visible que el cerco es irreversible.

En ese contexto se levanta Santa Fe, un campamento-ciudad estable junto a Granada. Más que un detalle, es una declaración política: no es una campaña estacional, es una ocupación sostenida hasta el final. Santa Fe organiza abastecimiento, mando, artillería y administración del asedio. Y también hace algo fundamental: manda un mensaje psicológico a quienes están dentro de la ciudad.

Dentro, la presión se vuelve material: falta comida, sube el miedo, se multiplican tensiones y rumores. Y cuando el hambre entra en una ciudad sitiada, la política se acelera: la resistencia deja de ser una bandera y pasa a ser una cuenta atrás.

Las Capitulaciones: lo pactado antes de abrir las puertas

La rendición se negocia. Y aquí está lo esencial: el cierre militar va acompañado de un cierre jurídico.

Las Capitulaciones de Granada fijan condiciones para la entrega. Una frase resume el tono formal del acuerdo: la entrega debía hacerse “con amor, paz y buena voluntad”. Sobre el papel, se prometen garantías para la población musulmana: respeto a personas, bienes, prácticas religiosas y un tránsito ordenado del poder.

Esto es importante por dos motivos:
Primero, porque evita un final a sangre y fuego dentro de la ciudad.
Segundo, porque crea un choque histórico que marcará el futuro: la distancia entre lo pactado y lo que, con los años, terminará imponiéndose.

2 de enero de 1492: la entrega de las llaves, contada por una crónica

La escena clave no es un duelo. Es un ritual de soberanía.

Según la crónica de Andrés Bernáldez, cuando Boabdil sale a entregar la ciudad, lo hace con las llaves en la mano. Y pone en boca del sultán una frase directa, casi brutal por lo que significa: «Toma, Señor, las llaves de tu ciudad, que yo, y los que estamos dentro somos tuyos».

Después, los Reyes Católicos envían a ocupar la Alhambra al conde de Tendilla con un contingente grande. La toma de la fortaleza no se presenta como “saqueo” sino como control del punto más sensible: quien domina la Alhambra domina Granada.

Y llega el momento de los símbolos. En esa misma crónica se describe que se muestra primero la Santa Cruz y que, acto seguido, se alzan pendones y se proclama a voz en grito: «¡Castilla, Castilla!».

Es decir: el acto no se limita a “entrar”. Se anuncia. Se representa. Se convierte en memoria pública.

Por qué Granada cae así y no de otra manera

Granada cae por la suma de cinco factores, muy concretos:

La pérdida del litoral, sobre todo Málaga: sin puerto, el reino se empobrece y se aísla.
El derrumbe territorial de 1489: Baza, Guadix y Almería dejan a la capital sin apoyo.
La fractura política interna: Boabdil y El Zagal compiten en un momento en el que la unidad era vital.
La superioridad logística y de artillería en asedios: cada plaza se vuelve más cara de defender.
Un cerco final sostenido (1491) que convierte el tiempo en arma.

Rehook: si quieres una imagen clara, piensa en esto: cuando te quitan el mar, te quitan el interior y te dividen el palacio, la muralla deja de ser el problema principal.

Lo que empieza con la rendición: una posguerra larga

La toma de Granada no es solo un final. Es el inicio de una etapa compleja: administración cristiana de una ciudad mayoritariamente musulmana, tensiones religiosas, conversiones, resistencias, y una transformación acelerada de la vida social.

Y también es un punto de inflexión por calendario histórico: 1492 concentra decisiones y cambios de enorme alcance. La monarquía que cierra la guerra en el sur entra en una fase de expansión y reorganización del poder.

La última capital, el primer mundo moderno

Granada no se explica con una sola palabra como “conquista”. Es el último capítulo de un reino y, al mismo tiempo, el comienzo de un modelo nuevo de Estado: más centralizado, más simbólico, más capaz de sostener campañas largas y decisiones de gran alcance.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram